Estudiar en verano, cuesta. Por mucho que lo intente adornar, cuesta y no hay más. Especialmente, en julio y agosto. Además, mis años de estudio han transcurrido en la Meseta y lo de los 30 grados en casa era lo habitual desde junio hasta septiembre.

Para no sentirme tan deprimida por no poder hacer todos los planes que me gustaría (irme de vacaciones con amigas, estar en la playa una quincena…), pensé que tenía que organizarme los días para sacar más horas que en invierno. Pero también lo hacía por una mera cuestión de rendimiento. Por mucho ventilador que tuviese, memorizar con altas temperaturas era muy lento. ⠀

Pero había algo positivo. En invierno, a las 8 de la tarde es ya de noche. En verano, a las 8 de la tarde, es media tarde y se pueden hacer mil planes.⠀

Así que alteraba mi horario habitual que solía ser de 8 a 13:30 y por la tarde, de 15 a 19. Hacía:

-Turno de mañana único: 6am – 14pm, con media hora de almuerzo sobre las 11:00. ⠀

-Turno de tarde: solo los lunes, la tarde previa al cante. ⠀

Cuando me preguntaban: ¿te sientes culpable por no estudiar por la tarde? No. Las dedico a descansar, dormir, estar en la piscina, dedicar tiempo al idioma, leer (por ocio y por necesidad: informes, reportajes…) ⠀

Me di cuenta que con el calor, mis tardes eran muy muy poco productivas. No tenía sentido estar sentada en la silla cuando no me estaba cundiendo el tiempo. En cambio, al estudiar por la mañana y pensar que tengo la tarde libre, lo hago el doble de motivada. ⠀
Eso sí: literalmente, me caigo de la cama y me siento en la mesa. Además, como tarde, me duermo a las 23 horas. Algo que no me cuesta en exceso. ⠀

No obstante, hay que adaptarse a las circunstancias. El último verano de estudio tenía el examen a la vuelta de la esquina (septiembre y octubre), por lo que intentaba sacar dos o tres tardes en vez de una y las dedicaba a tareas más livianas: leer para el primer examen, repasar cosas que ya tenía vistas…

Finalmente, también creo que era una cuestión de actitud. Siempre pensaba que ese iba a ser el último verano de estudio. Que llegaría un verano en el que no tendría horarios. Y, sobre todo, intentaba no lamentarme por estar dónde estaba. Hay que pensar que no queda otra y serán unos dos meses. ¡Mucho ánimo!