La gran sensación mientras se está estudiando es sentir que estamos en stand by, que la oposición me ha parado la vida y que todo el mundo avanza excepto yo que aquí sigo sentada. Quizá, los primeros meses (o, incluso, años) no eres tan consciente pero, conforme pasa el tiempo las renuncias, la cancelación de planes, el rechazo a no estar en momentos especiales o importantes y las vacaciones con cuentagotas se van acumulando.
En mis primeros años de oposición me sentí totalmente así. Además, yo empecé “tarde” a estudiar (no hay una edad propicia para comenzar, pero sí veía compañeros recién salidos de la universidad). La mía era una edad en la que todo mi alrededor empezaba a construir los cimientos sólidos de su vida: comprarse una casa, tener hijos, casarse, tener trabajos estables, viajar, salir sin preocupaciones… Y yo veía todo esto a través de mi cuenta de Instagram (¡qué bien hice en borrarme mi cuenta personal! Aunque lo hice por otros motivos, mi paz mental me lo agradeció).
Pero esta sensación cambió. ¿Cómo cambió? Pues asumiendo que si estaba ahí sentada era por decisión propia, para minimizar muchas de las preocupaciones futuras que genera un trabajo en la empresa privada (y que durante años viví en mis carnes) y, posteriormente, hacer todo eso que hacía todo el mundo, pero con la satisfacción de haber logrado la meta que me propuse. Y parece fácil. Es decir, yo ahora lo leo y pienso: “pues claro, es “de cajón”, es lógico”. Sin embargo, en la práctica no es tan fácil. Nos encerramos en un bucle (como le decía a mi madre: “¿cómo quieres que no esté en bucle si es que para todo tengo?”) en el que sólo vemos lo malo de la oposición pero no vemos que ha sido una decisión personal y que cuando la hemos tomado, ha sido con mucha meditación previa y convencidos de ello.
Hay que aprender a relativizar, a saber alegrarse de los éxitos de nuestro alrededor pero a la vez dejar que no nos impacten en nuestro camino diario, a sentirnos afortunados (especialmente aquellas personas que se dedican por completo a la oposición) de poder estar ahí sentados. Y sobre todo, no hay mal que cien años dure. Todo pasa. Y yo, ahora, la oposición no la veo como un lastre, la veo como una etapa más en mi vida en la que no solo conseguí un trabajo, sino que también me dejó grandes lecciones de vida.




